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miércoles 20 de mayo de 2009

RESEÑA


Armar y desarmar la historia
Retratos V.I.P. de Carlos Fajardo
En el primer párrafo de la introducción de su libro ¨Armar la Historia¨, Gervasio Luis García señala que ¨Nos guste o no, el pasado pesa sobre el presente y aunque sea desagradable y triste lo mejor no es olvidarlo sino entenderlo¨.
Más adelante indica que ¨La historia es el empeño de rescatar el olvido y entender las aspiraciones, las frustraciones y los logros humanos en el pasado lejano y cercano¨. Del historiador nos dice que es quien ¨estudia las acciones y las figuraciones, lo que hacen y lo que creen hacer los individuos en contextos sociales; las conductas y sus móviles junto a las múltiples versiones de los actos propios y ajenos¨.
Precisamente con la historia nos podemos enfrentar cuando estamos ante la obra del artista Carlos Fajardo, expuesta en el Museo de Arte de Caguas, bajo el título ¨Retratos V.I.P.¨. Es la historia más cercana, la contemporánea, esa que muchos hemos vivido, que nos la contaron en el periódico, en el noticiario de la televisión. Es la historia conversada en el carro público, en el cafetín de la esquina, en el ¨beauty¨, en la sala de espera de cualquier consultorio médico de cualquier lugar en Puerto Rico.
Esta vez, nos llega a través de la plástica, de un discurso visual complejo, avasallante, incluso enloquecedor. Y el artista lo lanza de esa manera porque no es de otra. Lo podemos ver en cada una de las 25 piezas de mediano formato que componen la muestra.
Fajardo utiliza la ironía, el lenguaje visual mordaz y nos habla de la política escatológica rampante que no se va, que no claudica. Al contrario, basta ver el telediario hoy mismo y encontramos que todavía es más infame y grosera.
Ahí está ¨El Mesiah¨, a punto de avalanzarse sobre nosotros con los puños en alto, cual guapo de barrio con expresión satánica como diciendo ¨aquí mando yo¨. Lo acompañan textos de expresiones lapidarias (o sepultureras) que nos hablan de proyectos millonarios, de despilfarro, de incongruencias. Esa es la historia de una era, de un estilo, de ¨un progreso¨ aplaudido.
Al igual que en ¨El Mesiah¨, el artista nos presenta en cada pieza una figura central de nuestra política y algunos de sus significantes. Las ofrece silueteadas para que veamos su interior compuesto por un collage de noticias, imágenes, propaganda, anuncios de especiales, pegatinas y muchas palabras. Es el desnudo de la figura para enseñarnos su ¨composición¨.
La silueta -además del colorido- captura la primera impresión. En adelante viene la parte compleja y es recorrer cada pulgada de la imagen enmarcada para ir entendiendo, a veces de forma coherente y a veces no, lo que ocurre allí, o lo que ocurrió allí.
También está presente el puño justiciero del colapsado político que se agarra las manos en actitud de ¨esto no se queda así¨, de ¨te cojo bajando¨ en la pieza ¨El Caballo Tuerto¨. Por otro lado, aparece ¨El Vate¨ lánguido en actitud de añoranza, con los brazos colgados ante un gran proyecto fracasado. Le acompañan las palabras plebiscitarias Si o No, que a la postre significan lo mismo.
En conjunto, las obras resultan pedazos de pasquinadas paredes corroídas por las inclemencias -no del tiempo, sino de sus protagonistas-. Fajardo utiliza el graffiti para retratar el gesto, lenguaje urbano, de tránsito y pasada pero que perdura como huella a la espera de observadores.
A los más jóvenes les podría resultar un tanto ajena esta muestra, pero ahí está para que la miren y pregunten, para que indaguen en la historia aunque el artista no aspire a ser historiador (lo cual desconozco).
Al concluir el recorrido nos preguntamos cuántas figuras V.I.P. faltan, cuántas merecen un sitial, cuantas más vendrán con su gran historia. Retratos V.I.P. es una de esas muestras que deben continuar su camino por otras salas, por otros vecindarios. La historia merece que se siga contando.


(Vale la pena coleccionar el catálogo de Retratos V.I.P., no sólo por las imágenes que contiene, sino por la calidad de los ensayos redactados por la artista y curadora Elsa María Meléndez y el artista y crítico Pedro Vélez.)