Myritza CastilloLas obras no están identificadas, ni siquiera sabemos si llevan títulos, pero no están ausentes de alegatos. Al detenernos en la puerta de entrada del reducido espacio expositivo, podemos divisar las piezas de las cuatro artistas de dos generaciones: las primeras dos hace tiempo establecidas, las siguientes dos en pleno desarrollo. Cada una planta bandera con su temática en medios diversos, Aponte presenta 15 piezas en fotomontaje, college y vídeo; Rivera muestra fotografias y una instalación de ¨objetos¨; Castillo enseña dibujos y una instalación, mientras Serviá opta por tres dibujos de mediano formato.
A la derecha nos encontramos con un pequeño escritorio y una maquinilla probablemente de los 70, con una larga hoja de papel. Esta es la pieza de Castillo ¨Little stories of a collectives sub-dreams¨, cuyo título y el de las demás obras me he enterado días después.
La instalación ¨trabaja con la capacidad de las personas en general para crear historias reales o ficticias dentro de un contexto de una historia o un relato¨, donde se convida al espectador a sentarse y agregar su parte de la historia, a la iniciada por Castillo en una acción la noche de apertura. Detrás de la pieza hay tres dibujos de la maquinilla, vista desde diferentes ángulos. Con su obra, la artista espera que ¨de alguna forma nos sensibilicemos y regresemos a las cosas básicas¨, mediante una tarea arcaica como resulta la escritura en una maquinilla en una era de alta tecnología.
Hay en la pieza una confrontación a la sofisticación del momento, y a la pérdida del valor en las cosas sencillas y cotidianas. Probablemente muchos de los asistentes a la exposición, y no podemos olvidar que aunque LA 15 es frecuentada por un público heterogéneo siempre abundan los jóvenes menores de 30 años, éstos nunca hayan tenido contacto con una maquinilla. Con la acción Castillo retrata un presente de carencias en medio del tumulto, y lanza un detente para reflexionar.
En el corto recorrido llegamos a la instalación de 15 piezas en pequeño formato de Aponte, que al principio nos parece una sola obra y luego descubrimos que no lo es. ¨Ropa, Casa y Comida¨ es el nombre de la serie, que integra el fotomontaje y el collage. Visualmente atractiva, la pieza ¨investiga la naturaleza frágil y compleja de la vida cotidiana¨.
Aponte utiliza un lenguaje de signos para explorar o denunciar la venta de casas con ¨Casas para la venta I y II¨, o ratoneras de cantazo, donde literalmente vemos las típicas trampas para cazar rajieros. La ironía y el humor ofrecen una gran dosis en la obra. Así vemos la relación literal entre imágenes y dichos populares en las diferentes piezas. Mientras en el vídeo hay un juego visual de cuadrados que se ordenan y reordenan constantemente.
Muy cerca están las piezas de Rivera, llamadas ¨Muestrario¨. Una serie de fotografías y una instalación de pequeños objetos dorados cubiertos en algunas de sus partes con tejido en crochet rojo, montados en una vitrina blanca.
El trabajo de la artista resulta enigmático, cuando nos enfrentamos con pedazos de objetos encontrados o pedazos de animales disecados. Hay un proceso arqueológico y de preservación de esas piezas que evocan vida desde su estado inanimado. Hay un respeto y un reconocimiento, por algo adquieren ese color dorado, por algo llevan ¨vestiduras¨ de rojo sangre que es vida. Hay rescate y hay apego.
Culmina el recorrido con la serie ¨Filtros¨, de Serviá, quien asegura estar ¨explorando cómo el desarrollo de conflictos y resoluciones se desenvuelven (se construyen, empeoran, mejoran y luego desvanecen) dentro de las relaciones interpersonales¨. Lo muestra con un tríptico sobre papel, en el cual cada hoja aborda una parte del proceso, o como la artista dice ¨la interactividad entre un emisor y un receptor¨.
Serviá construye -a dibujo riguroso- una serie de cajas, contenedores y archivos, unos sobre otros, amontonados, muchos, pero organizados, de los cuales salen líneas de conexión que viajan por la primera hoja, atraviesan la segunda y retumban en la tercera, y viceversa. La artista, con una preoccupación particular por el orden en sus trabajos anteriores, sigue esa temática en la presente pieza pero desde otro punto. Esta vez hay una exploración directa individuo-individuo, y no individuo-lugar, individuo entorno o espacio, aunque todo esto pueda estar presente.
En general, para esta muestra en la cual prevalece el lenguaje conceptual, el espacio resulta adecuado y cada artista respira desde el lugar asignado por la curaduría de Román. Ninguna pieza riñe con la otras. Supratemática resulta una muestra intrageneracional convincente con marcados diálogos donde sobresale la preocupación por el origen del presente -que es historia-, tanto a nivel personal y colectivo, desde un pasado rescatado y preservado, con miras a un futuro. Supratemática es el cuestionamiento del presente globalizado y desarrollado, con miras a un pasado. Supratemática es el diario vivir del yo con el yo, con el otro y con los demás.


