Mostrando las entradas más recientes con la etiqueta Circa 10 Mostrar las entradas más antiguas
Mostrando las entradas más recientes con la etiqueta Circa 10 Mostrar las entradas más antiguas

martes 2 de febrero de 2010

RESEÑA CIRCA

Ikaro Zorbar

Angel Otero

Omar Velázquez

Jorge Díaz Torres

Manuel Archain

Alrededor del arte: la experiencia Circa 2010

SAN JUAN, Puerto Rico - En su quinta edición, Circa, la primera feria de arte de Puerto Rico, a simple vista parece no lograr la trascendencia esperada para un evento de esta naturaleza y precisamente al cabo de cinco años desde su fundación.

Distintos factores podrían abonar a esta situación, entre los que cabe mencionar el enfoque de sus realizadores, la falta de apoyo del gobierno y, por supuesto, la crisis económica mundial que parece hacer más mella en la Isla.

Respecto al enfoque, aunque se trata de una feria de arte contemporáneo, esta vez sus organizadores Roberto Nieves (director y presidente) y Celina Nogueras (directora artística) apostaron por propuestas artísticas más ¨amigables¨ contrario a años anteriores cuando podían apreciarse trabajos más contundentes y arrojados, muy propios de estos tiempos, y por lo tanto más actuales.

Claro, eso podría tener una explicación en el sentido de que a diferencia de una exposición, la feria de arte es un mercado para vender piezas, y no necesariamente emarcadas dentro de una temática particular. El fin de la feria es vender y en el caso que nos ocupa ésta se realiza en un mercado que no está del todo maduro. En ese sentido, sus organizadores buscarán atraer piezas y artistas que logren capitalizar su inversión en un escenario de reducidos compradores. Esto no significa que carezcan de importancia y valor.

Circa se realiza con un presupuesto reducido que ronda los $200,000 poco más o poco menos, sin el apoyo, o más bien el apoyo tímido del gobierno (una asignación por debajo de los $20,000). La cultura, que nunca ha sido vista por ninguno de nuestros gobernantes como un instrumento de actividad económica, repite su experiencia de relegada en la celebración de Circa.

Tan reciente como la última semana de enero una delegación del gobierno local, encabezada por la Compañía de Turismo, acudió a una de las principales ferias de turismo del mundo, FITUR 10, celebrada en Madrid, España. Cómo se explica que la celebración de Circa no encuentre resonancia en el apoyo del gobierno como parte de sus estrategias para mercadear a Puerto Rico como destino. Cómo se justifica que se puedan repartir en ese evento en Madrid opúsculos de paradores sencillos de las diferentes regiones del país, y en cambio un evento como pudiera ser Circa no alcance ni siquiera ese espacio.

Obviamente existe un problema de proyección de la feria de arte, un problema en el convencimiento de las autoridades y posibles auspiciadores, y una falta de visión. Y no se trata de un señalamiento en una sola dirección.

Por qué puede y debe ser importante Circa. Bueno, porque además de ser una entidad privada que naturalmente beneficia a sus desarrolladores, también puede ser una ventana para presentar el trabajo de artistas locales que al entrar en contacto con expositores de otros países pueden lograr contactos y compradores internacionales. También puede ser un atractivo en la región para convidar a coleccionistas y amantes del arte, o simplemente viajeros, a considerar Puerto Rico como destino caribeño donde igual se puede apreciar y adquirir arte de calidad. No es que nada de esto ocurra, es que debe ocurrir más y ser más notable.

Sus organizadores sostienen que se genera un movimiento o actividades paralelas a la feria, como visitas a colecciones privadas, otras exposiciones y demás. Circa también genera empleos temporeros, genera ventas -pocas o muchas, pero ventas-, y eso no es negativo. Circa se convierte en una posibilidad de abrir espacios para educar sobre el arte contemporáneo aunque esto no esté ocurriendo.

Se le percibe como una feria elitista, de unos pocos, y basta irse a la calle y preguntar cuántos sabían qué era Circa, y muy pocos todavía no la conocen. Y no aludo a la masa -por referirme a la mayoría de las personas con una educación promedio-, sino a los profesionales, jóvenes profesionales que ni siquiera saben lo que es esta feria de arte.

Ya han pasado cinco años desde la primera Circa, y esta vez se cambió su fecha de realización que había sido alrededor del cuarto y quinto mes, para aventurarse a comenzar el año, antes que otras ferias establecidas a nivel internacional. Si esto resultó positivo o no, ya nos enteraremos.

Este año el espacio de exibiciones en el Centro de Convenciones en Miramar parecía menos ocupado, aunque los organizadores aseguran que el total de expositores es el promedio de siempre. Había galerías de Alemania, Argentina, Colombia, China, Costa Rica, España, Estados Unidos, Taiwán y Puerto Rico.

El proyecto Circa Labs, que consiste de contenedores donde se invitan a artistas emergentes o galerías, y hasta ahora había funcionado fuera del recinto principal, esta vez se les vio literalmente dentro de la feria. El concepto de los contenedores bajo un techo y la comodidad del Centro de Convenciones le confieren otra dinámica, no del todo adecuada.

Qué sobresalió en Circa 10. Poca fotografía, mucha pintura, dibujos, pocas instalaciones, pocos videos, y poco arte con carácter.

Una vez más, Omar Velázquez logra sobresalir por su trabajo, primero en la Muestra Nacional de Artes del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y ahora en Circa. El joven artista presentó sus grabados de gente de la calle en tamaño natural, sobre enormes pedazos de papel simulando pescado colgando del techo. La mano diestra de Velázquez, la textura y el impacto de sus piezas casi hacían sentir el olor ocre al que aludían.

Muy cerca del espacio en solitario que ocupaba Velázquez, estaba el trabajo presentado igual en solitario del artista Jorge Díaz Torres, con su estética de imitar objetos comunes protegidos por enrejillados galvanizados, creados con esmero tal que casi resulta imperceptible la diferencia con el objeto real. La experiencia fue notable en dos de sus piezas, una con dos cilindros de gas realizados en papel, y una enorme nevera de hielo realizada con diferentes materiales.

De las galerías del exterior llamó la atención Casa Riegner con el trabajo rudimentario del artista colombiano  Ikaro Zorbar, quien presentó pequeñas maquinarias que aluden a los sonidos, como una que accionaba un casete y se podía escuchar la pieza Volver, mientras al extremo de un tablero otra maquinaria recogía la cinta. Son canciones vinculadas a experiencias sentimentales del artista y la acción de la máquina como apoyo para la memoria.

Sobresalió, además, las fotografías del artista argentino Manuel Archain, con escenas cotidianas cargadas de ironía y surrealismo, como la pieza Secador. En esta muestra a una chica con toalla amarrada a su torso mientras su cabello chorrea en un lavabo. Tiene una mano extendida hacia atras y una mano de hombre en chaqueta negra le extiende un arma en lugar de un secador.

Del ya exitoso artista puertorriqueño Angel Otero, había una pintura de mediano formato con sus manteles y jarrones con flores, donde se destaca el uso de materiales y las sensaciones de profundidad logradas en su trabajo. 

Cuál es el futuro de Circa. Eso sólo sus organizadores lo saben. Lo que sí esperamos es que este sea uno de esos eventos que puedan continuar y logren la trascendencia necesaria para el país. Que sea una feria inclusiva y que se le agreguen otros componentes para que logre mayor resonancia. Naturalmente eso requiere de más dinero, reenfoque y apoyo. Después de todo, es un logro mantener cinco ediciones vivas.