


MADRID - Los grises más profundos dejan de ser fríos y se vuelven cálidos en las telas y paneles de Antonio López. Más certeros los amarillos, mareados e intensos, casi sol crepuscular que todavía quema.
Millas y millas de profundidades infinitas que van desdibujando un paisaje familiar, cotidiano o añorado de ese Madrid o sus cercanías, que te dejan clavado en la contemplación.
Tras años de no exponer un conjunto importante de su producción, finalmente el Thyssen Bornemisza de Madrid ha logrado colgar y poner a relieve en más de un piso y en varias salas una muestra significativa del artista hiperrealista, en ocasión del 50 aniversario desde su primera exposición. Una retrospectiva anterior ocurrió hace 31 años en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Miles de personas han llegado al encuentro con la obra pictorica y escultórica del manchego López, en un montaje donde sobresalen bocetos y dibujos y un documental con una amplio relato de entrevistas a colegas, entendidos del arte y del propio artista.
Paisaje y cuerpo, ambos naturaleza, ocupan años de estudio de la forma y el color, y la reiteración de alcanzar la perfección ya lograda. Aposentos -muchas veces precarios, blanquesinos- y objetos cotidianos, electrodomésticos, casi imagen fotográfica desde la distancia y la evidencia de las horas y el trabajo, ya de cerca.
Hay total poesía y la inconfundible intención de detener el tiempo de esos instantes (construidos a fuerzas de tantos otros) en tales piezas, eminentemente de gran formato, y en las escultura también grandes. La entrada al museo es la bienvenida que ofrece una enorme cabeza de un niño en el patio principal. Entonces, adentro, cuerpos enteros o parte de estos.
Es evidente el constante estudio del artista antes de realizar cada pieza y cómo analiza su objeto del deseo centímetro a centímetro.
Naturaleza, arbustos y membrillos, esa imagen objeto de gran interés, de muchos dibujos y bocetos, coloridos y descoloridos, y finalmente pintura. Hay bodegones, hay relatos con personajes, ha pintado a la Familia Real.
Piel y rostro surcado por años de vida labrada en el arte con sabor a oficio duro es el físico actual de López, quien cumplió 76 años el pasado 6 de enero. Mirada profunda del que ha visto sin agotarse.
Estos son apuntes que corresponden a una lectura ligera de una tarde corta (agosto 2011) por las salas de Thyssen. Imposible una reseña respetable de un Artista que no ha hecho más que trabajar. No recuerdo la última vez que utilicé la palabra excelente -en un escrito creo que nunca la incorporé-, pero así es Antonio López.
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