miércoles 30 de noviembre de 2011

La constante en la obra de Raimundo Figueroa





Raimundo Figueroa sostiene que una de las mayores dificultades que enfrentan los artistas es lograr encontrar el lenguaje con el cual se sientan cómodos, para poder continuar la exploración en su trabajo y llevarlo hasta el límite.

Ese lenguaje muchas veces está dado, mientras en otras instancias se forma en la marcha y se fundan maneras distintas -en ocasiones innovadoras- de plasmar o proyectar imágenes, conceptos o ideas.

En su caso, se ha agarrado del lenguaje abstracto, particularmente el de corte expresionista que tuvo su efervescencia en Nueva York hacia la primera mitad del siglo pasado y sus secuelas posteriores.

Formato grande, pigmento denso, color vibrante y la insistencia en estadíos emocionales o caminos filosóficos, entre la aspiración, el deseo o la consumación de la idea trabajada, definen a grandes rasgos su propuesta pictórica. Aunque prevalece la pintura, también el dibujo alusivo a animales, objetos y a la naturaleza, junto al collage, encuentran espacio importante en la producción del artista.

En entrevistas previas, Figueroa ha dicho que en su trabajo plástico trata de ser espontáneo y abierto con un lenguaje que pueda ser más entendido, y en esa intención llegan sus pinturas en apariencia monocromas. Es en apariencia ya que en los casos donde no limita la paleta a uno o dos colores con sus respectivas degradaciones, disfraza el protagonismo de un color con la yuxtaposición de otros no del todo ocultos para que los podamos identificar. Esa parece una manera de agarrar la vista del espectador y acercarlo al lienzo o el papel que comunmente le sirven de soporte.

Las referencias a algunos de los llamados maestros de la pintura moderna, y a otros más contemporáneos, es clara, pero sobresale con gran fuerza el recien fenecido Cy Twombly, con sus manchas gestuales, borraduras, textos o anotaciones a lápiz o razgadas sobre la superficie. Este es el caso de sus piezas ¨menos limpias¨.

En la obra de Figueroa, el texto cobra una relevancia preponderante, aunque no se le vea como principal elemento, aunque no se situe en todas sus piezas, aunque apenas lo materialice. Sea que esté escrito en la obra, o que solo lo acompañe como título de esta, denota una conciencia entrelazada con la palabra escrita. Texto frase, texto palabra, texto símbolo.

Por ejemplo, al utilizar frases cortas de entendimiento universal, no están lanzadas como idea única, y en cambio son a manera de sugerencia para activar la aspiración, el deseo o la consumación de la idea trabajada, pero en la mente de cada cual, a partir de las vivencias del espectador.

En síntesis, con todas estas anotaciones podemos definir -no al detalle-, de manera amplia la obra de Figueroa en la presente exposición ¨Raimundo Figueroa: CONSTANT BEAUTY¨, que constituye la segunda muestra que presenta el Instituto de Cultura Puertorriqueña en la nueva sala de la Galería Nacional en el Viejo San Juan.

La exposición cubre poco más de las últimas dos décadas del trabajo de Figueroa con una pieza de 1989 como la de mayor antiguedad en la muestra compuesta por 41 obras sobre lienzo y papel. No es una retrospectiva y más bien funciona a manera de ensayo sobre los campos de exploración en las ideas y preocupaciones del artista.

Resulta una muestra interesante para conocer de cerca el trabajo de Figueroa, quien ha logrado insertar su obra en importantes colecciones alrededor del mundo como las del Museo de Arte Moderno de Sao Paulo, Museo de Arte Moderno de México, Museo Tamayo, y Forbes Collection, entre otras.