domingo 4 de septiembre de 2011

De colecciones y donativos


Aunque los museos en Puerto Rico establecen en sus reglamentos que una parte de sus presupuestos operacionales incluirán partidas económicas destinadas a la compra de obras de arte para nutrir sus colecciones, la realidad es que ¨nunca¨ han honrrado ese predicamento.
En lugar de conseguirlo con dinero, la llegada de nuevas piezas descansa principalmente en las relaciones que desarrollan para lograr que algún coleccionista privado, institución o mecenas, se decida por hacer el donativo. En casos excepcionales optan por levantar fondos para comprar una determinada pieza que se presenta en una oportunidad única.
Esos detalles salieron a relucir a preguntas de El Naufragio de las Palabras, durante el conversatorio ¨¿Qué es una colección de arte?¨, celebrado en días recientes en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico (MAC), en Santurce.
Tanto la directora del MAC, Marianne Ramírez, como su homólogo del Museo de Arte de Ponce (MAP), Agustín Arteaga, y el curador del Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR), Juan Carlos López Quintero, coincidieron en que el dinero para nuevas obras nunca se separa. Mientras, la ex directora del MAPR, Carmen T. Ruiz de Fischler, se expresó en términos similares.
Todos también estuvieron de acuerdo en que las dificultades para poder levantar los fondos operacionales es tal que les resulta ¨difícil¨ e ¨imposible¨, separar presupuesto para nuevas adquisiciones.
Dicha situación representa otro escollo para los artistas puertorriqueños, sobre todo para los más jóvenes, quienes además de intentar sobrevivir en un mercado reducido del arte y tan cerrado, y que se concentra en las mismas figuras del arte de generaciones anteriores, ven lejana la posibilidad de que estos museos adquieran sus obras y paguen por ellas.
Casi queda planteado que la única posibilidad de ver sus obras en los museos oficialistas es haciendo una donación de su trabajo, si es que sus piezas logran el interés de dichas instituciones.
En un recorrido por las salas de exposiciones de los mencionados museos no es de extrañar el encontrar piezas que levantan más de un cuestionamiento sobre su llegada a dichos espacios, por encima de otras cuyos hacedores ofrecen una propuesta plástica innovadora, coherente, original y más depurada. En parte, la explicación podría ser que les llegaron como donativo, aunque aún así hayan pasado por cierto cedazo.
Durante su alocución, la Dra. Ruiz de Fischler habló de la importancia de la ética, sobre todo si tomamos en cuenta que varios coleccionistas son miembros de las juntas de directores de los museos. En esta parte, cabe destacar que no han sido pocos los señalamientos en el sentido de que algunos coleccionistas o galeristas en las juntas de los museos impulsen la adquisición de obras de artistas que ellos apoyan porque anteriormente han adquirido sus obras. Al colocarlos en museos oficiales les añaden valor a sus piezas.
La decisión de aduirir piezas en los museos en la Isla puede estar recomendada por el curador del museo, su director o directora o por la junta, que es la finalmente da el visto bueno de que se compra o se admite a la colección.
A pesar de no tener un presupuesto seprada para adquisiciones, en el MAP, su director Arteaga dijo que el último año lograron incrmentar las adquisiciones en un 20%, principalmente con donaciones aunque también hubo compras. De las compras, los museos aquí nunca informan cuánto pagaron y a quién por tal o cual pieza.
Muchas preguntas siempre quedan en el tintero, sobre todo en la escena local del arte donde la prensa cultural tradicional se limita a la cobertura de comunicados sin fiscalizar ni profundizar en el ¨mundo cerrado del arte¨. Habrá que esperar algunos años para ver cómo documentan los museos oficiales el arte contemporáneo puertorriqueño, el que tenemos ahora, el de la úlima década.
O tal vez ya los artistas no necesitarán mañana colocarse en la colección de un museo para oficializar el valor y la calidad de sus trabajo. Por ahí andamos...