
Ante propuestas innovadoras que adoptan el uso de las nuevas tecnologías, la robótica, la ciencia y tantas otras posibilidades y medios para elaborar un discurso plástico contemporáneo, podríamos encontrar en la pintura y el arte abstracto una escuela fatigada y agotada.
Han pasado muchos años desde las primeras líneas y manchas y la obvia negación de la realidad, y el furor que conmovió tiempo después la escena artística de Nueva York con el expresionismo abstracto y toda la historia subsiguiente.
Pero cuando nos encontramos ante un cúmulo de piezas de creación reciente, entre los años 1990 al 2011, con una base fuerte en la abstración, necesariamente tenemos que remitirnos a la historia y ver cuánta vigencia sostiene el trabajo que está ante nuestros ojos.
Fue esa la primera impresión ante la muestra del artista Ramón Feliciano, nacido en Ponce en 1946, y que presenta hasta el 31 de agosto próximo el Museo de Arte de Caguas. La exposición está dividida en dos salas. Una lleva por título ¨Intimidad agresiva: compulsiones y conglomerados¨, y la otra¨Retorcimientos y otros extraños sucesos¨. Se incluyen 57 piezas de mediano y gran tamaño, que marcan las dos décadas más recientes de su producción.
Hay en Feliciano un trabajo minucioso, depurado, donde la repetición del trazo, o la manipulación del objeto empleado como medio pictórico, también reiterado, desemboca en imágenes difíciles de obviar. Por sobre todo cautiva el camino para llegar a la imágen última.
En el mundo del arte hay miles de piezas de pigmentos densos, corpóreos, aglomerados, y hay miles de piezas donde el caos se nos muestra con calidad de bello. Pero en Feliciano encontramos una labor fluida y pensada, donde la gestualidad y el accidente no parecen tener espacio. En cambio, se nota la medida del balance, la razón del equilibrio, sin que esto raye en monotonía.
Experimentación parece ser el apellido de Feliciano, quien como tantos otros artistas, utiliza concreto, resinas, alambre, materiales sintéticos y plástico para elaborar sus obras. También emplea el calor y el fuego para derretir botellas plásticas que adhiere a sus cuadros para formar superficies rugosas con la aparente intención de que sean tocadas y escrutadas con los dedos, no sólo con las ideas y las preguntas.
La obra se mueve constantemente y el color centellea en diferentes planos. Usa la tela, madera y el papel. Construye, emplea el collage, explota lo que parece desenfreno y nos lo ofrece domado. El tema ambiental es importante en su producción y las alusiones a la figura humana, aunque sean sólo a partes de esta.
Feliciano nos platica con la forma y el medio y nos recuerda que las modas y las escuelas pictóricas no siempre se fatigan y llegan al cliché. En su caso, la obra se coloca en otro nivel y no merece menos que respeto y un Bravo.
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