lunes, 18 de abril de 2011

Rogelio Báez Vega: lector de situaciones




Rogelio Báez Vega es un ¨lector de situación¨, de esos que nos comenta Le Corbusier que hacen falta para reconocer el caos y formular propuestas. Esas que ¨sucesivamente expresan certidumbres adquiridas y aspiraciones unánimes¨.


Solo que su propuesta presente en Area en Caguas, no consiste de líneas con medidas específicas para ocupar y servir en tal o cual espacio. La suya es la de explorar el orden en cualquier parte para finalmente obtener un lugar habitable común. Nos propone torear el caos y no contribuir a su prolongación.


Por eso se agarra del referente arquitectónico como extensión de la intervención humana en la sociedad y repite el mensaje ¨Architecture is possible everywhere¨. Esto, no ya como un proverbio para establecer que en cualquier parte se pueden levantar vigas, vaciar concreto y conectar bloques. Sino para fijar la idea de que construir el orden es posible en cualquier paisaje.


Báez Vega retrata escenarios urbanos, con la estación de gasolina como punto de partida (y no limitada a éstas), y narra la experiencia visual de su entono intervenido, mal intervenido, y ahora en decadencia. El cuerpo de trabajo que presenta en su exposición en solitario -la segunda individual que realiza, a pesar de su carrera como artista-, y le ha llamado LandEscapes, también tiene mucho de economía. La ha producido precisamente durante los 60 meses de la recesión económica más profunda de la Isla desde los años 30.


Ese ha sido el tiempo en el que se ha generado el mayor cierre de estaciones de gasolina en Puerto Rico ante el alto costo del petróleo y el bolsillo apretado de las familias puertorriqueñas. Paisajes ¨gasolineros¨, paisajes de edificios, todos quietos, donde el tiempo ha dejado de transcurrir y se ponen en frente para mirarnos, no en imagen espejo, más bien en imagen pregunta. ¿Qué le hicimos al país? ¿Qué no funcionó? ¿Qué seguimos haciendo? ¿Lo volveremos a hacer igual?


Son preguntas que me podría hacer frente a una pieza de gran tamaño como lo es Isla. Es una estación de gasolina marca Isla, que muestra vibrantes colores en un espacio donde no aparece el elemento humano, sino sus acciones. En esta pieza resalta la profundidad de un hueco en la acera, la profundidad en el interior de la tienda de conveniencia, y los recovecos en los plafones. Surge entonces la sensación de búsqueda, de querer encontrar, tal vez allí, la respuesta, o una pista.


Llama la atención la desmitificación de los cielos en sus pinturas, que dejan de ser cielos para transformarse en otra pieza arquitectónica del cuadro, que la más de las veces cancela el paisaje u oculta estructuras, y se debate entre ser cielo o no serlo.


Acompañan la muestra algunas esculturas, resultado de retazos de maderas ensambladas, apiñadas, obligadas a la convivencia sin importar su procedencia ni su nobleza. El resultado termina en maquetas de edificios salpicados con pintura, creando una paisaje familiar donde pareciera que todo converge.


Aunque la muestra funciona como una gran instalación que recrea justamente el ambiente de una gasolinera, Báez Vega coloca otra instalación, que consiste de una casa a dos aguas, en madera, y en su interior desplega una serie de trabajos en pequeño y mediano formato. Aquí sobresale una pieza sobre lienzo donde el artista deconstruye la imagen de la casa típica del Santurce de su infancia, para convertirla en reliquía, en casa comercio, en casa ruina, en casa todo menos habitable.


Podría ser cualquiera de las casas de modestas familias relgadas del entorno santurcino que dio paso a enormes edificios de apartamentos para adornar los alrededores del Museo de Arte de Puerto Rico y aumentar el valor de los bienes raíces en la zona.


En conclusión, Rogelio Báez Vega consigue presentar una exposición interesante, de mucho diálogo y contexto histórico contemporáneo, que de seguro requerirá ser revisitada en años futuros, no como tantas otras muestras que resultan innovadoras pero no logran cumplir más que la cuota de lo nuevo. Funcionan las pinturas de brochazos imperfectos, funcionan las esculturas, funciona la conversación.