
Luego de algunos tropiezos que llevaron a su fundadora Lisa Ladner a retirar la actividad del Museo de Arte Contemporáneo, finalmente se llevó a cabo la segunda edición de la Feria de Arte Sonoro en el edificio de la Fundación Arana en el Viejo San Juan, del 13 al 15 de agosto.
Como sólo hice el recorrido por la feria en horario diurno, remitiré mis comentarios a la observación general de las piezas en el contexto de la feria. Por razones obvias no hablaré de las piezas y presentaciones en vivo, una parte fundamental de la FAS, ya que no pude presenciarlas.
Esta vez la FAS ofreció una experiencia distinta a lo que fue su primera edición, cuando levantó gran expectativa y consiguió mover a más personas. Necesariamente haré referencias a la FAS 2008, celebrada en el espacio alternativo La Respuesta en Santurce, ya que el impacto que tuvo y su desarrollo general al ser la primera edición marcan un punto de partida, el cual se espera quede superado con los subsiguientes eventos.
Aunque el Viejo San Juan tiene su magia y podría ofrecer la posibilidad de un público cautivo, en términos de la presentación de las piezas -que esta vez fueron menos que las expuestas en 2008- no lograron marcar unidad en la presentación. Las piezas estaban dispuestas en tres salones inconexos que interrupían el tránsito visual entre una obra y otra, lo cual fue una falla de la antigua estructura que no resultó del todo adecuada para este evento.
El primer año, las piezas fueron dispuestas alrededor del salón y como eje central estaba el espacio o tarima donde se efectuaron los eventos en vivo. A pesar que la mayor parte del tiempo el salón estaba invadido por ruidos y esto no necesariamente permitía el disfrute de todas las piezas, que precisamente ofrecían una experiencia particular a partir de sus propios ruidos o sonidos, lo cierto es que la atmósfera general en La Respuesta constituía una experiencia particular en sí misma. Eso no ocurrió esta vez, al menos durante mi visista.
La parte experimental en vivo en FAS 2010 se realizó en el segundo piso del espacio Arana, donde habían otras piezas, que corrieron el riesgo de perderse entre cables, amplificadores y otros objetos.
En términos generales, las pocas piezas resultaron interesantes, aunque algunas ya habían sido presenciadas en otras exhibiciones. Cabe mencionar ¨En medio de una discusión utópica¨, de Vimarie Serrano, basada en la obra de otra artista, donde propone una discusión a través de amplificadores que bordean al espectador como receptor y testigo de un asunto que no llega a nada.
Mientras, la pieza de Adál Maldonado y Berta Jottar, ¨El coco que habla y los rollos de un caracol¨, resultó enigmática y cautivadora. Un coco conectado a un audífono ¨profetiza el futuro de todo aquel que busca un consejo¨, al tiempo que un caracol colgando del techo le habla a un micrófono que amplifica ¨el sentir cotidiano de un caracol sediento de todo¨.
Araceli Pino, con su pieza ¨Escucha la felicidad¨, que consiste de un sintetizador dentro de un estuche de aluminio, el cual podemos manipular, siempre logra generar encuentros refrescantes con sus obras.
Por otro lado, un aporte importante de la primera FAS fue el elemento educativo que le impartió Ladner con la celebración de un foro de discusión sobre qué es el arte sonoro, en el cual participaron la directora de la Escuela de Artes Plásticas, Marimar Benítez, así como varios artistas con trayectoria en este tipo de arte. Además se les unió entonces, de manera informal, el artista sonoro Francis Schwartz, quien aportó atinados comentarios. También hubo un foro sobre el manejo social del ruido con funcionarios gubernamentales.
Por el contrario, en esta ocasión no se incluyó el elemento educativo en sentido formal y hubiese sido buen momento para retomar el tema como ejercicio de exploración, lo cual le habría conferido otra dimensión al evento.
La FAS es un proyecto ambicioso e innovador, que debió contar con más auspiciadores y una programación más abarcadora. Tal vez, una espacio más amplio, con el desarrollo de estaciones visiblemente delimitadas para exponer cada pieza y discurrir cómodamente entre éstas, las hubiese hecho lucir mejor.
Sin embargo, este tipo de presentación a la que no estamos acostumbrados siempre resulta interesante, por la experiencia que provee. A Ladner, se le agradece el llevar a cabo este evento ¨a pulmón¨ junto a sus colaboradores y esperamos que no sea el último.
Un niño de 12 años que experimentaba con una de las piezas interactivas durante mi recorrido (es necesario decir que es uno de mis hijos), a la pregunta de qué le parecía la feria, contestó ¨esto está interesante¨. Tal vez eso es indicio de que necesitamos ofrecer más experiencias de este tipo.

