martes 1 de junio de 2010

Oxígeno para la Escuela de Artes Plásticas


Muy cerca de El Morro en el Viejo San Juan, hay un paciente que agoniza. Le están cortando la respiración. Su nombre es Escuela de Artes Plásticas (EAP) y tiene 44 años. Su padre -ya casi muerto- se llama Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP).
Aunque siempre vivió al amparo del padre protector, hace 20 años logró emanciparse. Sin embargo, la emancipación no fue del todo completa, ya que más bien lo que hizo fue cambiar de ¨protector¨. Ese que ahora le ha dicho que ya no le puede seguir subvencionando parte de sus gastos, lleva por nombre Gobierno de Puerto Rico.
Durante su desarrollo, no se ha portado mal. La EAP a logrado durante cuatro décadas formar a miles de maestros de bellas artes y artistas plásticos en diferentes disciplinas, los cuales han conseguido reconocimiento y destaque en y fuera de la Isla. También ha contribuido a la actividad cultural del país y ha fomentar desde su óptica la investigación y la experimentación creativa. En promedio, cuenta con una matrícula de 550 estudiantes regulares y otros 1,250 en sus programas de extensión.
La EAP no siempre ha recibido mucho oxígeno. Por eso, los recortes prespuestarios como parte de la ¨Ley especial declarando estado de emergencia fiscal y estableciéndo el plan integral de estabilización fiscal para salvar el crédito de Puerto Rico¨, mejor conocida como Ley 7, la han dejado con muy poco aire.
Su presupuesto consolidado recomendado para el año fiscal 2010-2011, según la Oficina de Gerencia y Presupuesto (OGP), es de $5,009,000. Esa cantidad se desglosa de la siguiente manera: $374,000 de una resolución conjunta del presupuesto general, $512,000 de fondos federales, $2,135,000 en ingresos propios, $1,450,000 del fondo de estabilización y $538,000 del programa de estímulo económico federal (ARRA, por sus siglas en inglés). Ese presupuesto representa una disminución en gastos de $1,055,000 en comparación con el año anterior.
La partida de $374,000 significa una reducción del 89% de la resolución conjunta de la cual proviene. Esta asignación anteriormente era de $3,325,000.
La baja presupuestaria conlleva necesariamente una reducción de personal y en los servicios de la institución educativa.  Para el 2011 OGP proyecta que la EAP tendrá 43 empleados, divididos entre 16 maestros y otros 27 que corresponden al personal administrativo, de oficina y técnicos. En 2008 contaban con 62 trabajadores en total.
Por razones obvias, todos en el País están enterados de la situación en la Universidad de Puerto Rico, pero muy pocos se han enterado de los momentos en extremo difíciles que enfrenta la EAP y que ponen en riesgo su existencia. Eso no es de extrañar en una Isla donde el gobierno y el sistema de educación le confieren escasa importancia a las artes.
Que la EAP ha debido establecer a lo largo de los años otras estrategias creativas para allegarse fondos y asegurar su solvencia es muy cierto. Pero ahogarla al dejarla sin dinero mientras el país desconoce en realidad a dónde han ido a parar los fondos economizados con las distintas medidas del gobierno, es altamente cuestionable.
Que la UPR tiene un departamento de Bellas Artes donde se forman educadores y artistas, también es cierto. Pero el carácter de la EAP, su entorno y su visión más experimental se hacen necesarios y constituye otra opción para los que desean prepararse en las diferentes áreas de las artes plásticas.
Estudiantes, profesores y empleados han iniciado una serie de manifestaciones en reclamo de un trato más justo para la institución. Sin embargo, el apoyo contundente y amplio de otros sectores no ha llegado. Esto plantea otros asuntos, y tal vez es buen momento para que la administración de la escuela analice también su presencia en la comunidad y cómo la ven.
De seguro, muchas de las personas que cada fin de semana acuden a los predios de El Morro a volar chiringas y a deleitarse con una fría piragua bajo el sol candente del Viejo San Juan, desconocen que en esa antigua estructura donde estuvo la Casa de Locos, ubicada a la entrada del campo abierto del antiguo fortín, se forman destacados artistas y educadores.
Hasta ahora los estudiantes no han logrado llevar un mensaje y un reclamo contundente y efectivo, y por parte de la administración de la EAP ha habido tanto silencio que no se sabe si apoyan o no todo lo que está sucediendo.
El presente nos ha dejado saber que queda mucho por hacer en la EAP. También nos ha dejado saber -una vez más- que la cultura aquí no ha sido y no es una prioridad y falta un proyecto cultural enlazado con la educación. (Esto lo he repetido tantas veces, pero es mejor repetir que callar.)
No se puede tomar como excusa la situación económica para relegar todavía más a instituciones como la EAP.
De pronto recuerdo al presidente Franklin D. Roosevelt y su decisión respecto al arte en medio de la gran depresión tras el desastre financiero en octubre de 1929 en Wall Street. Roosevelt creó el Federal Art Project como parte de su plan Works Progress Administration, que consistía en impulsar el desarrollo de obra pública para estimular el empleo y la economía. Esto permitió el sustento de artistas como de Kooning, Baziotes, Guston, Gorky y Pollock, entre otros, quienes trabajaron en obras de arte público y murales, algunos bajo la dirección de los muralistas Rivera, Alfaro Siqueiros y Orozco.
Acciones como esa (que ya la había mencionado antes) estimularon la economía, emplearon a miles de personas y levantaron un sentido de orgullo -que no se mide en dólares y centavos- muy necesario para la salud social y la cohesión de una sociedad.
En cambio, la visión gubernamental local, que no ha sido sólo la del presente gobierno, es ¨ahogar¨ a instituciones culturales y educativas como la EAP, que sí son necesarias y, dentro de sus posibilidades, pueden estimular la economía. Falta visión, falta creatividad, falta compromiso, falta conocimiento.
Si bien el gobierno tiene su responsabilidad ministerial, porque por algo se le elige y se le encargan los fondos del pueblo -y eso no se puede confundir con paternalismo gubernamental-, existen otros sectores que en esta crisis de la EAP han hecho mutis y no han asumido su deber. Dónde están los coleccionistas en este país, esos que gustan de pasearse por las exposiciones y museos para apreciar y comprar (a bajo costo) las obras de artistas que fueron preparados precisamente en la EAP. Dónde están los defensores de la cultura. Dónde están las empresas privadas y sus programas de responsabilidad social.
Aquí más de uno ha fallado y no podemos seguir dejando que el país, las instituciones y la cultura colapsen ante nuestros ojos, mientras cada cual sigue por su lado.