(Nota: Es necesario agradecer a la directora del Programa de Artes Plásticas del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Marilú Purcell, y a sus empleados, por abrir las puertas del Arsenal de la Marina Española en medio de sus vacaciones. De esta forma la prensa alternativa de los diferentes espacios culturales que publican en la Internet pudo hacer su recorrido y cada cual realizar sus respective reseñas.)
Como barómetro de la realidad plástica de los últimos dos años, la Muestra Nacional de Artes Plásticas 09 del Instituto de Cultura Puertorriqueña, logra presentar un cuerpo de trabajos variados que en términos generales recoge una visión de mundo más amplia, desarraigada del tradicional discurso nacional e insularista.
Eso no quiere decir que los hacedores del arte contemporáneo estén desapegados del todo de la preocupaciones y realidades inmediatas y cercanas, sino que se arman de discursos más universales para plantearse situaciones -cuando es el caso- que bien ocurren en la Isla y en otros lugares.
La pintura como medio tradicional conserva el predominio en esta muestra donde participan 111 artistas de cuatro generaciones, pero encontramos también trabajos en fotografía, vídeo, instalaciones y performance. También hay esculturas, aunque son las menos.
En cuanto a la calidad de las piezas, los colores son varios. Unas apuestan al dominio de las técnicas pictóricas y del dibujo a través de propuestas figurativas (que abarcan variedades estilísticas que van desde la pintura expresionista, hasta el arte pop y el graffiti, entre otros), mientras otros exploran sus ideas desde la abstracción. Las propuestas que podríamos enmarcar en el arte conceptual ofrecen una gran dosis.
El humor y la ironía, y el convite a la reflexión se hacen sentir con frecuencia.
Una de las piezas de más impacto es la instalación ¨De lo más inofensivo¨, de la joven artista Isabel Ramírez (ver reseña del Naufragio, junio 2009). En esta se presenta la imagen de una niña sobre un armazón colgante de madera, y en una esquina en el suelo una montaña de pequeños troncos de madera cubren un cuerpo. Cuando el espectador se acerca a la pieza se activan en el vacío las risas de una niña. Ramírez explora la niñez desde un lugar incómodo, incluso doloroso. Logra la artista una pieza efectiva en términos conceptuales y de espacio, que ya habíamos visto durante su primera exposición en la Galeria 356 en mayo de 2009.
De otro lado, también resultan efectivas las pinturas de gran formato de Nathan Budoff, que recogen una cantidad de signos para relatarnos algunas historias en las piezas ¨Television Angels on the Lookout for Free Spirit¨, y en ¨Amores difíciles¨, con el matrimonio Clinton como eje central.
Cabe mencionar la escultura ¨Cannibal Duck¨ de Edwin Jonathan Torres, donde confonta lo grotesco mediante la presentación de figuras como son el Pato Donald y un payaso. El artista coloca al Pato Donald sentado sobre la cabeza de un payaso al que se está comiendo. Un poco hace recordar las coloridas esculturas del artista holandés Folkert de Jong.
La pieza instalación de Omar Velázquez, ¨Misifú¨ logra destacarse no sólo por su tamaño, sino por la amalgama de objetos recolectados y reordenados para confeccionar el imaginario de los desamparados que llevan a cuesta, no sólo el peso de su vida presente, sino el peso de lo que tuvieron o no antes de terminar en las calles. (Ver entrevista a Velázquez en el proyecto del Naufragio, 10CONTEMPO)
Mientras la obra de Dhara Rivera, ¨Homenaje al Pterocarpus¨, una instalación documentativa, resulta la pieza que incuye performance mejor documentada de la muestra.
La presente muestra ha sido un parto doloroso en medio de los recortes y las limitaciones con las que cuenta no sólo el ICP, sino el Programa de Artes Plásticas dirigido por Marilú Purcell. Al final, ha valido la pena, a pesar de los señalamientos que se le puedan hacer.
Es una muestra con varias figuras conocidas y de trayectoria en la plástica isleña, y con nombres menos conocidos, pero no por esto de menos monta. Luego de todo, de eso se trata, de proyectar la actividad plástica de los últimos años y sus creadores. Ahí están los que mantienen la escena viva, con un escaso presupuesto, los autogestores, los que deciden mantener su producción sin el apoyo de las estructuras tradicionales del arte. Ese es uno de los principales signos de esta muestra.
Como barómetro de la realidad plástica de los últimos dos años, la Muestra Nacional de Artes Plásticas 09 del Instituto de Cultura Puertorriqueña, logra presentar un cuerpo de trabajos variados que en términos generales recoge una visión de mundo más amplia, desarraigada del tradicional discurso nacional e insularista.
Eso no quiere decir que los hacedores del arte contemporáneo estén desapegados del todo de la preocupaciones y realidades inmediatas y cercanas, sino que se arman de discursos más universales para plantearse situaciones -cuando es el caso- que bien ocurren en la Isla y en otros lugares.
La pintura como medio tradicional conserva el predominio en esta muestra donde participan 111 artistas de cuatro generaciones, pero encontramos también trabajos en fotografía, vídeo, instalaciones y performance. También hay esculturas, aunque son las menos.
En cuanto a la calidad de las piezas, los colores son varios. Unas apuestan al dominio de las técnicas pictóricas y del dibujo a través de propuestas figurativas (que abarcan variedades estilísticas que van desde la pintura expresionista, hasta el arte pop y el graffiti, entre otros), mientras otros exploran sus ideas desde la abstracción. Las propuestas que podríamos enmarcar en el arte conceptual ofrecen una gran dosis.
El humor y la ironía, y el convite a la reflexión se hacen sentir con frecuencia.
Una de las piezas de más impacto es la instalación ¨De lo más inofensivo¨, de la joven artista Isabel Ramírez (ver reseña del Naufragio, junio 2009). En esta se presenta la imagen de una niña sobre un armazón colgante de madera, y en una esquina en el suelo una montaña de pequeños troncos de madera cubren un cuerpo. Cuando el espectador se acerca a la pieza se activan en el vacío las risas de una niña. Ramírez explora la niñez desde un lugar incómodo, incluso doloroso. Logra la artista una pieza efectiva en términos conceptuales y de espacio, que ya habíamos visto durante su primera exposición en la Galeria 356 en mayo de 2009.
De otro lado, también resultan efectivas las pinturas de gran formato de Nathan Budoff, que recogen una cantidad de signos para relatarnos algunas historias en las piezas ¨Television Angels on the Lookout for Free Spirit¨, y en ¨Amores difíciles¨, con el matrimonio Clinton como eje central.
Cabe mencionar la escultura ¨Cannibal Duck¨ de Edwin Jonathan Torres, donde confonta lo grotesco mediante la presentación de figuras como son el Pato Donald y un payaso. El artista coloca al Pato Donald sentado sobre la cabeza de un payaso al que se está comiendo. Un poco hace recordar las coloridas esculturas del artista holandés Folkert de Jong.
La pieza instalación de Omar Velázquez, ¨Misifú¨ logra destacarse no sólo por su tamaño, sino por la amalgama de objetos recolectados y reordenados para confeccionar el imaginario de los desamparados que llevan a cuesta, no sólo el peso de su vida presente, sino el peso de lo que tuvieron o no antes de terminar en las calles. (Ver entrevista a Velázquez en el proyecto del Naufragio, 10CONTEMPO)
Mientras la obra de Dhara Rivera, ¨Homenaje al Pterocarpus¨, una instalación documentativa, resulta la pieza que incuye performance mejor documentada de la muestra.
La presente muestra ha sido un parto doloroso en medio de los recortes y las limitaciones con las que cuenta no sólo el ICP, sino el Programa de Artes Plásticas dirigido por Marilú Purcell. Al final, ha valido la pena, a pesar de los señalamientos que se le puedan hacer.
Es una muestra con varias figuras conocidas y de trayectoria en la plástica isleña, y con nombres menos conocidos, pero no por esto de menos monta. Luego de todo, de eso se trata, de proyectar la actividad plástica de los últimos años y sus creadores. Ahí están los que mantienen la escena viva, con un escaso presupuesto, los autogestores, los que deciden mantener su producción sin el apoyo de las estructuras tradicionales del arte. Ese es uno de los principales signos de esta muestra.
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