martes 10 de noviembre de 2009

José Luis Vargas y el memorial de los mitos


Todo cuento pertenece a un paisaje y el que nos ha narrado a través de la pintura el artista José Luis Vargas, se sitúa en muchos escenarios.  Aunque el fondo de sus enormes telas esté inspirado en horizontes isleños, en la campiña francesa, en los grises londinenses o en el tumulto niuyorquino, la imaginería creada nos remite siempre al terruño caribeño.

Consiste de una referencia a los elementos fantásticos -reales e irreales- de su niñez y adolescencia de los ´70, cuando la prensa amarillista daba cuenta de vampiros al acecho, de objetos voladores en busca de nativos y de enigmáticas figuras delictivas como Toño Bicicleta -mito para unos y verdugo para otros-. Garadiábolos, cuerpos amórfos, mitad gente, la otra mitad cualquier cosa, gente bestia, bestias bestias, y mensajes escritos a modo de avisos y de leyenda, se suman entre los elementos empleados con frecuencia.

Obra compleja que para nada combina con sofás ni futones, pero lista para desatar interpretaciones y conjeturas, obra obra.

Aunque subyace una carga nacional, Vargas se aparta del nacionalismo de culto y banderil, le da la vuelta, y se coloca arriba. Al igual que sus personajes flota y nos convida desde lo alto a otra mirada. El ojo a esa distancia abarca más, parece decirnos. El nacionalismo trazado es otro, el de experiencias locales, el de la memoria de pérdida y recate en el reloj biológico, el desprendimiento de la familia, y el nacionalismo enfrentado en la diáspora. Sin machete ni puño.

El artista reconoce la continua carga metafórica de su trabajo, donde la muerte y la vida se disputan el espacio sin vacilaciones, donde ninguno nunca gana. Es como morir y nacer, y viceversa, ad infinitum. Irónico y amargo, oscuro y ¨sonoro¨, sorpresa y genialidad.

Con Vargas ha conversado El Naufragio de las Palabras, de pie y sentados, moviendo cantidad de lienzos que el artista conserva en su taller ubicado en un campo de Carolina.

Se formó en el epicentro del post modenismo del Nueva York de mediado de los ´80, y en la experimentación contemporánea del Londres de los ´90. Así ha recorrido lugares por el mundo, que de alguna manera influencian su trabajo, a partir de las temáticas que le ocupan.

La referencia a la historia del arte está clara en el trabajo del artista. Desde el inicio, con sus animales que nos recuerdan a las rupestres figuras cuadrúpedas en las cuevas de Altamira, los rostros expresionistas -muchas veces sin cuerpo-, la informalidad de Tápies. El surrealismo, el trazo gestual y torpe de los abstracionistas en Nueva York, la neofiguración. Obra obra.

Vargas, cuyas creaciones estuvieron casi ausentes del ojo local mientras vivió en Europa, hace un par de años que trabaja con Iniciativa Comunitaria. Allí, coordina el Proyecto de Arte y Comunicación, dirigido a la población de pacientes adictos a drogas y deambulantes. Mediante el arte enfrenta a los pacientes con su valía y les ofrece otra perspectiva de la vida.

Esa experiencia también ha enriquecido su trabajo plástico, y al presente realiza una serie basada en las frases utilizadas por las personas confinadas en instituciones calcelarias. ¨Es sobre cómo esa cultura se transmite a la cultura popular una vez salen de las prisiones y tratan de integrase a la sociedad¨, explica.

Una de esas piezas es ¨Muerte al chota¨, un gran lienzo negro con una cabeza que flota en el agua, mientras un cielo de letras chorreadas proyecta la frase que le da título.

De su obra comenta que ¨es estar en un área de reto y complicación, por eso no lo doy todo para que la gente pueda llegar a comprenderla poco a poco¨.

Cuando realiza una pintura parte de una idea, pero en el trayecto hay mucha experimentación. Y en cuanto a las frases o mensajes que suele escribir, menciona que unas veces es lo primero que surge y en otras ocaciones es como el acento olvidado al final de la oración. ¨La obra me tiene que hacer reir aunque sea muy oscura. Que pueda moverse entre el drama y el humor, eso es lo que busco¨, añade Vargas.  

Asegura desconocer cómo los espectadores procesan sus pinturas, pero en términos generales opina que ¨hay muchas personas que no aceptan la complejidad en el arte¨.

¨El arte en Puerto Rico se ha quedado para muchas personas en el flamboyán, en el arte nacionalista, que tienen su lugar, pero el mundo ha cambiado. A veces hay mucha resistencia en poder indagar en esas referencias frescas en la obra de otros artistas¨, expresa Vargas y añade que ¨el buen arte lleva a la reflexión y a ver qué capacidad tenemos nosotros para reflexionar¨.

Por eso, se cuestiona hasta cuándo el arte va a estar reaccionando a los mercados ¨y si nos va a llevar a un tipo de introspección¨.

En este momento sostiene que no es una prioridad la venta de su obra y, en cambio, pretende desarrollar un espacio para presentar su trabajo y desarrollar proyectos. ¿Cuándo ocurrirá eso? Aún no lo sabe. Tampoco lo fuerza. Llegará.