martes 21 de julio de 2009

Blogs de arte

(Este escrito de Carlos Antonio Otero formó parte de la publicación CONBOCA presentada durante la reciente Trienal Poligráfica de Puerto Rico y El Caribe. Ahora es presentado en este espacio como preámbulo a la charla ¨Los blogs de arte en Puerto Rico¨, que será el 6 de agosto en la sede provisional del Museo de Arte de Ponce en Plaza Las Américas, organizado por Arlette de la Serna, curadora asistente en el MAP.)

Hacia una revolución de la conciencia:

Espacios cibernéticos y el arte contemporáneo en Puerto Rico
El filósofo húngaro Erwin Laszlo le apuesta al arte como uno de los elementos fundamentales del nuevo paradigma de la humanidad y destaca el trabajo de los artistas que poseen un sentido de compromiso mayor, no sólo con su trabajo, sino con su entorno y el mundo que los rodea.
Sostiene que en estos tiempos ¨necesitamos algo más¨ de los artistas y el arte, ya que ¨el arte es un elemento de la cultura y ésta, a su vez, es un elemento de la comunidad humana, la cual necesita una nueva conciencia. Por consiguiente, y respecto a la evolución de la conciencia actual, la sociedad necesita el arte¨.
De esto estaba muy conciente la artista y profesora María de Máter O´Neill cuando en 1995 se aventuró a abrir la primera ventana independiente en el espacio cibernético, dirigida a documentar la escena cultural en la Isla. La iniciativa, nombrada ¨El cuarto del quenepón¨, de inmediato, hizo pensar a muchos en otro paso de avanzada hacia la democratización del arte a través de la nueva tecnología disponible.
A casi 14 años de aquella gestión que permaneció durante una década, la información acerca del arte contemporáneo local se produce eminentemente en espacios similares desarrollados por artistas, escritores y gestores culturales, quienes buscan establecer sus propuestas creativas, así como levantar discusiones y debates en relación a lo que se hace y no se hace en Puerto Rico.
Sobre una veintena de estos nuevos ¨centros¨ de información subsisten amparados en su compromiso con las artes, la mayor parte del tiempo al margen de las instituciones oficiales -entiéndase gobierno, museos, galerías, críticos, coleccionistas, etc.- que muchas veces les han dado la espalda o, cuando mucho, les han brindado apoyo tibio.
Aunque los medios de comunicación tradicionales, por su parte, relatan ciertas incidencias de la plástica insular, la cobertura por razones de espacio, prioridades y compromisos particulares, a veces resulta limitada, sobre todo en cuanto al arte más ¨contemporáneo¨.
Si en los 90 y desde mucho antes hablábamos de la democratización del arte; en el escenario actual global, y con los acelerados cambios en la tecnología, más bien podemos hablar -como plantea Laszlo- de ¨la revolución de la conciencia¨, como motor de los nuevos espacios cibernéticos, que más allá de divulgar una información particular, pretenden lograr un cambio en la manera en que se miran, se abordan, se entienden y se consumen las nuevas propuestas artísticas. No se trata de arrinconar lo ya hecho, más bien se lucha para que se no se arrincone lo que se empieza a hacer.
Por eso vemos plataformas en la ¨red¨como las publicaciones Conboca, Autogiro, Dónde veo arte, Box Score, Repuesto, Harte, MSA-Xperimental, Orificio, y más recientemente El Naufragio de las Palabras, sin olvidar el espacio Rotund World, del fenecido Joel Weinstein, entre otras, que desarrollan proyectos, anuncian exposiciones, hacen reseñas y críticas, documentan eventos con fotografías y vídeos, plantean asuntos neurálgicos relativos a las artes y abren foros de discusión al instante.
La importancia hoy de esos espacios cibernéticos es tal, que son muchos los asuntos que no hubiesen transcendido, o no nos hubiésemos enterado antes, a no ser por el trabajo no remunerado que realiza cada cual desde su ventana virtual.
A diferencia de los medios tradicionales de información, en los nuevos espacios -en parte porque no son empresas comerciales- existe un ambiente de colaboración a pesar de los puntos de vista que cada uno tiene. De esta manera, la tecnología, con todos sus beneficios (ya dejaremos el asunto de sus limitaciones y desaciertos para otra ocasión) ha sido vital para la difusión de las nuevas voces del arte contemporáneo puertorriqueño, sin necesidad de pautas, de compraventas, de subterfugios, ni de cacicazgos.
Apenas se comienza a labrar una nueva conciencia, y ya estamos en uno de los caminos. Un arte inclusivo para todos.