El 3 de noviembre del pasado año, a escasas horas para las elecciones generales, en las que finalmente fue electo el gobernador Luis Fortuño, publiqué en este espacio ¨La pólítica, la cultura, el arte, la vaca y los arrullos plácidos¨, un comentario sobre la falta de una propuesta cultural concreta y coherente de los candidatos a la gobernación.
Ya estábamos en medio de la crisis económica y planteaba la necesidad de fomentar y apoyar la cultura, el deporte y la labor comunitaria como pieza fundamental, que entre otras cosas ayudaría a mejorar la salud emocional y la convivencia social de nuestro país.
Apenas han pasado cuatro meses desde la llegada del nuevo gobierno y la política cultural se traduce en recortes significativos de presupuesto.
La cultura -y dentro de este concepto tan amplio, el arte- es parte del reflejo de las aspiraciones de un pueblo. Es parte de las manifestaciones tangibles e intangibles que nos brindan cohesión y sentido de pertenecia, de orgullo en el sentido amplio de la palabra. Cuando ésta se lesiona, se trastoca precisamente una parte importante de nuestra esencia como grupo social con características propias.
La artista y profesora Catherine Matos Olivo fue la primera en enviarme una tabla que ha estado circulando por todas partes sobre los recorte en áreas relacionadas a las artes y la cultura. En esa información se destacan reducciones de 71% a la Escuela de Artes Plásticas, 75% al Conservatorio de Música, 65% al Instituto de Cultura Puertorriqueña, y la lista y los recortes continuan.
Amigas y amigos de El Naufragio de las Palabras, todos tenemos un reto histórico en nuestras manos. Se acercan tiempos más difíciles. No sabremos si mañana tendremos empleo, no sabemos si tendremos muchas cosas a las que estamos acostumbrados. Entonces el reto es mayor.
Se trata de un reto personal y de un reto colectivo. El reto de la cultura. Que el desánimo no nos paralice, que la falta de fondos no nos detenga, que el ataque a la cultura no nos derrumbe.
Sigamos creando, sigamos construyendo, sigamos pintando, sigamos componiendo, sigamos escribiendo. Sigamos soñando para que las futuras generaciones se sientan orgullosas de que hombres y mujeres continuaron caminando en el peor de los momentos y mantuvieron viva nuestra cultura, nuestras artes, nuestra esencia. Prohibido el naufragio.

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