viernes 27 de febrero de 2009

RESEÑA


TIC TAC - ¿Para qué sirve el arte?
El reloj marca las 7:30 p.m. y ya son más de 25 las personas reunidas en la Galería 356 en Hato Rey. Varias estaciones son ocupadas por artistas que afinan detalles en sus mesas o espacios de trabajo, al tiempo que el público observa.
Al cruzar la puerta de entrada a la galería, Araceli Pino (quien se hace llamar Puntito Siniestro), está concentrada en los comandos que ejecuta en su ordenador, el cual comienza a emitir sonidos inususales. No mira a nadie, mientras su pierna derecha no deja de moverse al ritmo del ruido. Por momentos se aleja unos pies de la mesa, y de unas repisas va tomando objetos que producen otros sonidos.
¿Desde cuándo trabajas con sonidos?- pregunto. Ella toma su tiempo, no levanta la mirada y luego contesta. -¨Desde el 2000¨.
Los espectadores no se mueven. Ni siquiera sus cuerpos ni sus rostros reaccionan a lo que escuchan. Mientras tanto, la pierna derecha de Puntito Siniestro mantiene su paso.
Hace rato que la agrupación de ruidos grabados en su computadora se convirtieron en música. En un principio parece música ¨techno¨, aunque algo de ¨New age¨ ronda el espacio. Por momentos podría parecer alguna de las enigmáticas piezas de Kitaro.
De la calle siguen llegando personas; en su mayoría jóvenes.
A un extremo del primer salón Vanessa Hernández cataloga ¨anacrónicamente¨ documentos relacionados a sus viajes por los pasados 12 años. Libretas de apuntes, opúsculos, monedas, panfletos y toda esa parafernalia que amasamos como memoria de nuestras aventuras. Las ordena y las reordena.
Al atravesar el pasillo principal de la galería, Rafael Miranda pasa un mapo mojado sobre el piso negro, desdibujando el mensaje escrito sobre las losetas: ¨No existen personas pequeñas ni vidas sin importancia, tampoco existe trabajo sin importancia¨. Cada vez que se seca el suelo aparece el mensaje y Miranda repite la acción.
En ese mismo espacio, desde lo alto de la pared y sentada en una repisa, Frances Gallardo observa a su alerededor y le lanza rollitos de papel a los espectadores.
Muy cerca, Abdiel Segarra y Mylivette Morales se han adueñado de una pared, donde ambos han comenzado un diálogo escrito -a lápiz- que mantendrán mientras el muro o la noche lo permitan. Es una conversación entre los dos artistas, a la cual los espectadores no están invitados; sólo pueden mirar.
Omar Obdulio Peña, en una habitación aledaña, se encarga de preparar una limonada. El ruido que emite la operación es grabado y ¨mezclado¨ con sonidos ambientales, que establecen un diálogo con las imágenes creadas al instante y presentadas en un monitor por Rosamarie Perea.
¿Cuál es el saldo de todo esto? Una serie de acciones o performances, y música experimental que cautiva a un grupo de personas en sintonía con las propuestas presentadas, manifestaciones muy arraigadas en el arte conceptual y los movimientos fluxus de los 60.
*La ¨música¨ de Puntito Siniestro parece explorar estados de ánimo y de conciencia -o incluso, de inconciencia-.
*Hernández maneja las sutilezas de lo cotidiano y la incoherencia en acciones sencillas.
*El mapeado de Dávila propone el valor y el respeto por lo simple, lo mínimo, por el lugar del otro.
*Gallardo se convierte en escultura viviente e invade el espacio de manera activa.
*Segarra y Morales toman control del lugar, evitan la intromisión y establecen roles y campos de acción.
*Peña y Perea apelan a los sentidos.
En conjunto, las presentaciones del colectivo Puntos Suspensivos y Puntito Siniestro resultan en un ejercicio variado que nos hace reflexionar acerca de las acciones simples y cómo éstas, sean sonoras, sean visuales, aludan a lo cotidiano, o a lo incomprensible, te dejan una pregunta. ¿Para qué sirve el arte? La contestación es PARA MUCHO.